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LAUDATO SÍ (ALABADO SEA): EL CUIDADO DEL PLANETA COMO NUESTRA CASA COMÚN

febrero 3, 2021

Por pwilliam

La encíclica Laudato Sí, escrita en mayo de 2015, es la principal contribución que el Papa Francisco ha ofrecido a la comunidad internacional sobre el tema del desarrollo sostenible y el cuidado de la Creación. Está dentro de una amplia línea doctrinal, que comenzó con el Papa Pablo VI quien en 1967 escribió la encíclica Populorum Progressio, donde hablaba del ‘desarrollo integral’.

El Papa Francisco revisando el concepto propone una ‘ecología integral’, que significa ecología ambiental, económica, social, cultural y de la vida cotidiana, convirtiéndola en una ‘ecología humana’ (LS 138-155). Su encíclica es el primer documento pontificio que aborda explícitamente la cuestión ambiental como cuestión moral. Un asunto que busca encontrar su respuesta precisamente en la propuesta de la ‘ecología integral’ (LS 137-162).

Los siete Objetivos de Laudato Sí nos desafían invitándonos à vivir la ecología integral según el espíritu de la encíclica y nos impulsan a reflexionar sobre cómo actuamos en respuesta al grito de la Tierra guiados por la espiritualidad Cristiana.

La mayoría de los cristianos están dispuestos a hacer solo esfuerzos mínimos para cuidar la tierra, incluso en esta coyuntura crítica. La pandemia ha demostrado nuestra voluntad de hacer sacrificios, al menos hasta cierto punto, para proteger a nuestros semejantes, pero no hemos mostrado la misma voluntad de hacer cambios para proteger o sanar la tierra, mientras que sanar la tierra es una forma de proteger la salud de la humanidad.

Nuestro hogar planetario común está cayendo en ruinas. La sostenibilidad de nuestra casa común está al borde de un descalabro sin precedentes. Un signo de interrogación proyecta una sombra sobre nuestro futuro.

En el Evangelio de Juan, capítulo 2, encontramos dos palabras que podríamos, y probablemente deberíamos, entender referidas también a nuestro común hogar planetario. Jesús las pronunció mientras echaba a los prestamistas y a los vendedores de ovejas y ganado del templo de Jerusalén: ¡Dejen de hacer de la casa de mi Padre un mercado!, y el Celo por tu casa me consume.

Nuestra casa común es también la propia casa de Dios, impregnada por el Espíritu de Dios desde los albores de la creación, y donde el Hijo de Dios ha instalado su tienda en el evento supremo de la encarnación. Es en esta casa común donde Dios convive con la humanidad y Dios nos la ha confiado como administradores, como leemos en el Génesis capítulo 2 y en el capítulo 2 de Laudato Sí. Es esta casa común, nuestra y de Dios que hoy es despojada y profanada.

La crisis ecológica contemporánea, de hecho, pone al descubierto precisamente nuestra incapacidad para percibir el mundo físico impregnado de presencia divina. Hemos cambiado la elevada visión del mundo físico como la propia morada de Dios, santificada por la encarnación de Su Hijo, con la perspectiva mecanicista unidimensional de la modernidad.

En consecuencia, redujimos el mundo físico a un mero depósito de recursos para el consumo humano, simplemente una reserva de bienes para la especulación. Esta morada sagrada se ha convertido en un mercado. A través de la contaminación de la tierra, el aire y el agua, hemos degradado nuestro hogar común, que también es el hogar de Dios. En una situación de emergencia planetaria, necesitamos volver a estar en llamas con el celo por nuestra casa común (Padre Joshtrom Isaac Kureethadam).

Este es precisamente el Primer Objetivo de Laudato Sí que aboga por una respuesta al Grito de la Tierra. El Papa Francisco lo expresa claramente cuando dice, “nuestra hermana Tierra” reclama al cielo porque está oprimida y devastada. Este grito es “un desafío urgente para proteger nuestra casa común”. Es un llamado “a buscar un desarrollo sostenible e integral” (LS 13).

¿Qué acciones podemos realizar para lograr este primer objetivo?

Necesitamos tomar conciencia de nuestros hábitos en el uso de los recursos a todos los niveles, y por ende, reducir el consumo de recursos fósiles, aumentar el consumo de energías limpias y renovables, proteger y promover la biodiversidad y garantizar el acceso al agua potable a todos los seres humanos.

Todo esto, sin embargo, implica cuantificar la existencia y uso de nuestros recursos comunes. ¿Qué cantidad y calidad de estos recursos naturales y qué cantidad de agua están disponibles en una región geográfica? ¿Cuál es la capacidad de reutilizar un recurso sin comprometer su calidad y existencia? ¿Conoce la gente el número y tipo de especies biológicas en su área y la concentración de contaminantes en los tejidos de los organismos vivos con los que interactúan todos los días?

Los Estados y los científicos deberían ir más allá para examinar y concientizar a su población sobre el estado del ozono atmosférico, el nivel del agua subterránea, el agua utilizada por día y controlar la cantidad de agua utilizada por unidad de producción.

La interacción entre la tierra y la salud de las personas es, además relevante: la concentración de contaminantes en el aire, el agua y el suelo condicionan la longevidad humana, la densidad de población, la tasa de natalidad y las enfermedades epidemiológicas están relacionadas con la salud de la tierra.

Las personas necesitamos un desarrollo económico nunca disociado del desarrollo social y ambiental. Esto requiere invertir fondos para reducir el consumo de recursos naturales y disminuir el consumo de recursos en relación con la inversión.

Cada país tiene su propia identidad cultural y ambiental. La diferente realidad ambiental exige adecuar el uso de la energía – fotovoltaica, geotermia, aerotermia, etc.-, según el tipo de clima, elegir los medios de transporte y la distribución de los recursos naturales, y el porcentaje de privatización de los recursos naturales y su gestión según a la realidad.

Es fácil ver cómo este Primer Objetivo de Laudato Sí se relaciona con los Objetivos de Desarrollo Sostenible n° 6 – Garantizar el acceso al agua y el saneamiento para todos -, n° 7 – Garantizar el acceso a la energía asequible, confiable, sostenible y moderna – y n° 13 – Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos.

Siempre de debe tener presente la clara perspectiva en la que se pone Papa Francisco: “Todo ello conlleva necesariamente a la reflexión y al debate sobre las condiciones necesarias para la vida y supervivencia de la sociedad, y cuestiona determinados modelos de desarrollo, producción y consumo. No se puede enfatizar lo suficiente cómo todo está interconectado. El tiempo y el espacio no son independientes entre sí, y ni siquiera los átomos o las partículas subatómicas pueden considerarse de forma aislada. Así como los diferentes aspectos del planeta – físicos, químicos y biológicos – están interrelacionados, también las especies vivientes son parte de una red que nunca exploraremos y entenderemos por completo” (LS 138).

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