PENTECOSTES: LA VENIDA DE ESPÍRITU SANTO

PENTECOSTES: LA VENIDA DE ESPÍRITU SANTO

El Pentecostés es una festividad de carácter religioso que se celebra cincuenta días después de la Pascua, poniendo término al periodo pascual. Se celebra tanto en la religión judía como en la religión cristiana. Para los judíos, el Pentecostés supone la celebración de la entrega de la Ley a Moisés en el monte Sinaí, cincuenta días después del éxodo.

Por su parte, para nosotros, la solemnidad de la Fiesta de Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo, es la conmemoración del descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles de Jesucristo, que marca el nacimiento de la Iglesia. Etimológicamente, la palabra proviene del latín Pentecostés, que significa ‘quincuagésimo’. El término, como tal, hace precisamente alusión a los cincuenta días que transcurren desde la Pascua (la Resurrección de Jesucristo) hasta el Pentecostés. En el Nuevo Testamento, en Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, se relata el descenso del Espíritu Santo. Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Los discípulos tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego las que se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. 

¿Quién es el Espíritu Santo?  El Espíritu Santo, es la tercera persona de la Santísima Trinidad, es Dios. Verdadero Dios,  como lo son el Padre y el Hijo. Es el Amor del Padre y el Hijo. Él es la presencia de Dios en medio de nosotros. El Espíritu Santo es el cumplimiento de esta promesa de Jesús: “Miren que estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”

El Espíritu santo, cuando vino sobre los apóstoles (Hechos 2), se manifestó con el don del entendimiento de expresarse en distintos idiomas y de hacerse entender por todos. Este don hace referencia al Antiguo testamento de la ‘Torre de Babel’ (Génesis 11:1-32) Los hombres quisieron construir una torre tan alta que llegara al cielo para hacerle la competencia a Dios; pero Dios confundió sus lenguas, de modo que no podían entenderse. El Espíritu Santo viene ahora, en nombre del Padre, a hacer posible el entendimiento entre las personas, a hacer realidad la fraternidad. Como dice nuestro santo Verbita,  San José Freinademetez. ‘El amor es el único lenguaje que todos entienden’. El orgullo, la soberbia, crea división entre las personas; el Espíritu del amor crea comunión, cercanía, diálogo, fraternidad.

Dice San Pablo: “Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo”.  En pentecostés, se cumple la promesa de Jesús, llega el espíritu santo y se inicia la misión de la iglesia en el mundo. Como los discípulos somos invitados a superar los miedos e inseguridades.

San Arnoldo Janssen (Fundador, SVD) y su devoción al Espíritu Santo: San Arnoldo Janssen fue uno de los más grandes devotos del Espíritu Santo en el mundo católico. vivió un momento muy particular de su vocación de fundador: se sintió impulsado a consagrarse solemnemente al Espíritu Santo.  Hay que pensar que el primer documento papal enteramente dedicado al Espíritu Santo (la encíclica Divinum illud munus) apareció en 1897. San Arnoldo solicitó personalmente a la Santa Sede que se hiciera una encíclica sobre el Espíritu Santo. Un siglo más tarde, en el umbral del tercer milenio. El entonces Papa Juan Pablo II pidió un nuevo descubrimiento de la presencia del Espíritu Santo como una de las tareas más importantes de nuestro tiempo.

San Arnoldo dice: “Como Misioneros del Verbo Divino necesitamos ser conscientes de nuestro fundamento espiritual, en el cual el Espíritu Santo es nuestro Padre y verdadero Fundador, al tiempo que nos lleva a una estrecha e íntima cercanía con el Verbo Divino, el agente más importante en nuestra tarea misionera. Por lo tanto, San Arnoldo Janssen,  quería que nos convirtiéramos en verdaderos hijos del Espíritu Santo y de ninguna manera la devoción al Espíritu Santo debería ser eclipsada por cualquier otra devoción: “ La veneración ardiente y gozosa de San Arnoldo Janssen hacía que el Espíritu Santo nunca fuera algo aislado, sino que estaba profundamente arraigada en la Santísima Trinidad, el fundamento real de toda su espiritualidad.

Hoy al celebrar la fiesta de pentecostés, recordamos la historia de la Iglesia desde hace dos mil años no es la historia de los hombres, sino la historia del Espíritu Santo, escrita a través de unos hombres que se dejaron guiar por el Espíritu de Dios. Jesús, al irse al cielo, nos dejó en su testamento. Dos grandes regalos; La Eucaristía, su real presencia en la Eucaristía, y nos dijo ‘hagan esto en memoria mía’, y el Espíritu Santo con su fuerza. Y ambos con una gran intención y misión. Trabajar, trabajar en su viña llevando la Buena Nueva por todo el mundo y siendo sus testigos hasta los confines de la tierra.

La Iglesia de Jesús, la iglesia católica, fue, es y será edificada por el mejor arquitecto, el Espíritu Santo. Hoy Este arquitecto necesita muchos colaboradores y estos somos nosotros, pero tenemos que conocer los planos y obedecer al arquitecto. La Iglesia es obra del Espíritu Santo y por eso perdura y todo lo que es obra humana es quemado y destruido. Cuando hablamos sobre pentecostés o el Espíritu Santo, recordamos los dones y los frutos del espíritu santo (la Biblia dice 7 Dones y 12 frutos) todos tenemos o hemos recibido estos dones y frutos del Espíritu Santo en los sacramentos; (bautismo, confirmación u otros sacramentos).  Estos dones y frutos del Espíritu Santo deben ser utilizados para el bien común, y para el bien de los demás. Y de esta manera multiplicamos nuestros dones y frutos para construir una familia de la Iglesia, que es cuerpo de Cristo. Pero Cuando entre nosotros no hay fraternidad, no hay comunión,  es señal de que no estamos dejando actuar al Espíritu, es señal de que estamos actuando por nuestra cuenta sin tener presente a Dios.

Digamos entonces que nos dicen estas preguntas: ¿Qué dones o frutos del Espíritu Santo son débiles en mi vida, ¿qué necesito reforzar y alimentar en mi vida como hijo de Dios? Quizás mi oración y mi Eucaristía, sean el alimento y mi fortaleza, para llevar a mis hermanos. La paz, la alegría, la paciencia, la caridad, la fe, la piedad, el amor…etc.,  Que estos buenos deseos. Se manifiesten y se concreten en este Pentecostés que pronto viviremos y que no desaprovechemos esta oportunidad. Sea él (el Espíritu Santo), quien nos invite a examinarnos, mirarnos hacia nuestro interior; cómo esta nuestro espíritu misionero, nuestro compromiso cristiano. Porque ya iluminados y saciados por su gracia, podamos llevar así al mundo, signos de esperanza y salvación, sin temores ni dudas.

Que estos sentimientos y deseos nos ayuden a crecer como personas espirituales, enfrentar las tentaciones y pruebas de cada día, dejándose iluminar y guiar por la fuerza y gracias que nos entrega el Espíritu Santo hoy en Pentecostés. Amén.

P. Freddy Dsouza, SVD, LAVD de Los Angeles.

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